Este mes de mayo de 2011 ha sido muy importante para España, y en su conjunto, para el mundo moderno de los países desarrollados. Tomando pinceladas de los movimientos populares del mundo árabe (sólo pinceladas, pues la realidad no es la misma), los jóvenes españoles (a.k.a los "indignados") salieron a la calle de forma pacífica y espontánea para pedir un mundo más justo, más democrático, más mundo. Fue el movimiento del 15-M, que nació en la Puerta del Sol de Madrid y pronto se extendió por todo el país en forma de acampadas improvisadas. Había estado en la de Vigo, mi ciudad, pero hoy pisé el germen, el núcleo de fusión de una bomba que busca el cambio. Hoy estuve en Sol.


Bajaba hacia la Puerta del Sol por la calle del Carmen, esperando no encontrarme con mucho movimiento y pronto vi el mar de lonas azules que cubrían la Ciudad Sol. Mi primer pensamiento: ¿Qué pensará el resto del mundo de nosotros viendo esta situación? (cartones, gente durmiendo en el suelo, tiendas de campaña, plásticos a modo de jaimas...).

Al poco, cuando me sumergí en ese mar, cambió mi visión. Aquello no era un campamento de protesta, era un auténtica revolución popular y pacífica para cambiar las cosas. Y no sólo eran jóvenes, también los había mayores y ancianos. Eran las 12 del mediodia y se estaba celebrando una reunión informativa. En la reunión hablaban de otro logro más en la organización: estos días se habían juntado en Madrid representantes de 52 asambleas de ciudades de toda España, debatiendo diferentes formas de actuar, convivir, participar y hacer participar a la ciudadanía. Aquello era como el congreso de los Diputados (situado a pocos minutos del lugar), sólo que con más democracia y más prensa [hablo de la Asamblea, claro]. La organización es tal, que en la reunión, a pleno sol y con unas doscientas personas atendiendo, no faltaban las botellas de agua, los sprays pulverizando vapor de agua fresca o los traductores al lenguaje de signos. Aquello funcionaba.

Volviendo a adentrarme en la Ciudad Sol vi que la gente, después de semanas acampando allí bajo condiciones más que discutibles, seguían teniendo fuerzas, ilusión, y sobre todo motivación. Justamente hoy publicaba El Pais una encuesta en la que se afirma que el 81% de la población española consideran que los indignados tienen razón en lo que dicen en sus protestas. Un 81% del país.

Pensadores, figuras del mundo cultural, personajes internacionales y un largo etcétera han dado su apoyo público a este movimiento. Algunos les llaman locos, pero como decía el anuncio que adaptaron los "indignados", son los locos los que logran cambiar el mundo.

Ignoro como acabará esto, pero la semilla ya se ha plantado en tierra fértil. Ahora solo hace falta regarla.